lunes, 26 de noviembre de 2012

Estocolmo

Tras la visita de la familia Sánchez, el lunes 5 empezamos nuestras segundas prácticas.
Intercambiamos nuestros hospitales; la que había estado en neurología ahora iba a psiquiatría y al revés.
La semana empezó bien, adaptándonos a los nuevos cambios y disfrutando de la nueva experiencia.
Otro día contaremos nuestras prácticas más detalladamente.

El viernes 16 de Noviembre madrugamos para coger nuestro vuelo a Estocolmo, la aventura ya empezaba a las 6 de la mañana cuando tuvimos que correr porque casi perdemos el tren y pedirle por favor al revisor que esperara porque faltaba el resto de amigas.


Llegamos a Estocolmo y nos dirigimos en busca de nuestro hostel, como siempre pasa, por internet todo es más bonito. Pero no podíamos quejarnos que teníamos lo básico y necesario.
Tras acomodarnos fuimos a dar una vuelta por la ciudad y sacamos nuestros bocadillos como de costumbre, para tener asegurada la comida del día (damos gracias a nuestras madres por enseñarnos esta tradición tan útil), nuestras amigas no comieron prácticamente nada ese día.
Pronto empezamos a notar el clima gélido de los países nórdicos y a darnos cuenta de que estos países del norte son muy bonitos y tienen mucha calidad de vida, pero esto de que anochezca a las 15:30 de la tarde no puede ser bueno. Así que en estos momentos es cuando valoramos lo bien que vivimos en España.




La primera vista a la ciudad nos encantó y pronto volvimos al albergue que de noche y con frío no se disfrutaba igual. En el albergue teníamos que compartir las zonas comunes con unos hombres un tanto extraños, pero no tuvimos ningún problema, nosotras nos hicimos con la cocina como si estuviésemos en nuestra propia casa.
Veníamos avisadas de que en Estocolmo había que salir de punta en blanco, así que nos pusimos nuestras mejores galas y pasamos la noche en una de las discotecas más famosas de la ciudad. Pero no faltaron las anécdotas...antes de esto, fuimos todas a cenar a la cocina común, pero fuimos muy listas y solo cogimos una de las 6 llaves que teníamos, con tan mala suerte de que era la defectuosa. Eran las 10 de la noche y no podíamos entrar en la habitación, nuestra noche de fiesta nos esperaba y estábamos tiradas en el suelo del albergue. Llamamos al jefe y nos dijo que no podía abrirnos porque estaba muuuy lejos, su primer consejo fue: sleep in the sofa!! nuestra respuesta ya os la imaginaréis porque acabamos durmiendo en nuestras acogedoras camas.


Al días siguiente fue un tanto difícil despertarnos a la hora pero teníamos muchas cosas que ver y el esfuerzo mereció la pena. Estocolmo nos pareció precioso. Intentamos madrugar algo para poder ver la ciudad de día así que recorrimos las calles de la capital sueca, haciendo mil fotos de los paisajes invernales y disfrutando de las vistas al mar, los puentes que cruzan a las diferentes islas, el Palacio Real, la parte antigua de la ciudad, el ayuntamiento donde se celebra el banquete del premio Nobel, el ascensor de Katarina, que ofrece una preciosa vista de la ciudad, la ópera, el callejón más famoso de tan solo 90 cm de ancho...y decenas de escaparates con los que se nos caía la baba.

No faltaron los cafés después de las pateadas por la ciudad. Esa noche la pasamos en el albergue con nuestras amigas las cervezas y unas cuantas risas y al día siguiente de nuevo a seguir visitando más cosas, entre ellas el Skansen, el museo al aire libre más viejo del mundo.


Nuestra estancia en Estocolmo acababa ese día, pero nuestras aventuras continuaban, el vuelo salía a las 6 de la mañana, por lo que teníamos que coger el último bus que salía a las 20:30 y pasar la noche en el aeropuerto, no sin antes tener que llamar a la policía de la estación porque la taquilla donde habíamos dejado las maletas estaba bloqueada y no podíamos sacar nuestras preciosas maletas. Era el último bus que salía al aeropuerto y por nuestro bien no podíamos perderlo, pero solo fue un rato de tensión y en el último minuto la policía abrió nuestra taquilla y pudimos salir corriendo a por el bus.

Nueve horas pasamos en el frío suelo del aeropuerto, pero hay que decir que nos reímos bastante porque nueve horas nos dieron para mucho. Y ahí terminó nuestra aventura sueca.







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